Aprenda a decir ¡NO! en el trabajo

Written by Sandra Munévar on 14 January 2011 - No Comments

Aprenda a decir ¡NO! en el trabajo
Carlos, ¿podrías hacerte cargo de este nuevo informe que hay que presentar? ¿Tienes problema con quedarte hasta las 9 p.m. en el turno de María? ¿Podrías encargarte también de hacer este inventario? Si se le hacen conocidos estos requerimientos, debe saber de qué le estoy hablando, se trata del  exceso de trabajo y de los incómodos requerimientos a los que somos incapaces de decir que no, así no nos quede tiempo ni para nosotros mismos.

 

Decir que no en nuestro lugar de trabajo, es uno de los consejos que recibimos a menudo, pero que preferimos obviar, muchas veces por miedo a quedar mal con el jefe, miedo a perder nuestro empleo, o a parecer desatentos y con falta de compromiso por nuestra empresa. Todo esto se origina en ciertas fallas que tienen su raíz en la falta de planeación estratégica en las organizaciones, y que desencadenan en una administración desorganizada.

 

El problema de decir siempre que sí a todo, hablando específicamente de tareas que no hacen parte de nuestras funciones, es que promovemos en parte los fallos internos en la organización del trabajo, tales como el exigir a un empleado tareas superiores a su formación o a su puesto, o la falta de personal que conlleva un exceso de carga de trabajo, estos dos factores son muy comunes en las organizaciones y pueden conducir a una situación angustiosa en el trabajo.

Por eso, se hace tan importante que todas las organizaciones cuenten con proyectos asertivos que busquen mejorar el ambiente de trabajo a través de planes de prevención del estrés y de sociabilización, al igual que especificar bien los cargos, las funciones, derechos y deberes, si esto está delimitado, se podrá discernir qué es o no, abuso laboral.

 

Si usted como jefe o como empleado supiera que decir que no a ciertas cosas que lo ameritan, reduce drásticamente el nivel de estrés y aumenta la productividad, seguramente utilizaría otros métodos para que la empresa aumente su rendimiento, tales como; planeación y correcta repartición de las funciones según el cargo.

 

Probablemente estemos de acuerdo en que hay muchísimos métodos que permitirán ser más productivos. Sin embargo, uno de los consejos en la mayoría de casos olvidado, es dejar de decir SI cuando debe decir NO.

 

¿Qué nos hace decir si?

Gratitud. El aceptar realizar un trabajo, del que sabemos hace parte de las funciones de otro empleado, es a causa de que inconscientemente estamos buscando su gratitud y aceptación: por conseguir caer bien entre los compañeros, o impresionar al jefe, podemos acabar acumulando muchas más tareas pendientes de las que somos capaces de asumir.

Culpabilidad. Cuando un compañero nos pide ayuda, o se nos solicita colaborar en un proyecto importante y nos encontramos realmente faltos de tiempo, pueden asaltarnos sentimientos de culpabilidad ante la idea de tener que decir: no; sin embargo, debemos de dominar esos sentimientos pensando en que no es razonable tratar de hacer todo lo que se nos pida.

Miedo a ser prescindible. Quizás, aunque sea de un modo subconsciente, estemos asumiendo tareas por encima de nuestras responsabilidades porque pensamos que si bajamos el ritmo, la organización puede llegar a la conclusión de que no somos necesarios. La mejor forma de hacerse imprescindible es realizar nuestro trabajo a conciencia y excelentemente.

Sentimiento de indispensabilidad. Si nos creemos eso de que es mejor hacerlo que mandarlo, a lo mejor estamos haciendo más de lo que podemos en la creencia de que somos indispensables y nadie puede hacer el trabajo tan bien como nosotros. El síntoma inequívoco de esto es preferir incumplir un plazo de entrega a delegar una tarea. Hay que darse cuenta de que es mejor delegar (correcta y eficazmente) que producir un trabajo de baja calidad debido al exceso de trabajo.

Miedo a perder el trabajo. Este es uno de los principales motivos por los cuales decimos si a todos los requerimientos, dado que la situación económica actual mantiene en vilo nuestros empleos y nuestra permanencia en ellos, preferimos tener sobre carga de trabajo, que hacer valer nuestros derechos, por miedo a perder el puesto que nos sostiene cada día.

 

Un “NO” incrementa su productividad y reduce considerablemente su nivel de estrés. Sin contar los lazos familiares que se aseguran con la calidad de tiempo en familia y el bien que le hacemos a la organización, llevándola a corregir los errores que originan la sobrecarga laboral y que el ambiente que se torne pesado debido al inconformismo.

 

Haga el ejercicio y ¡aprenda a decir no!

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